18/02/2026

Contemplación de la Cruz 30 - Cuaresma

SAN JOSÉ

Desde el Corazón de María al pie de la Cruz

Para Madres Espirituales y Custodios de Sacerdotes en Tiempo de Cuaresma

María Beatriz Arce de Blanco

Tiempo de oración, contemplación, perdón, conversión, reparación

 

CONTEMPLACIÓN DÍA 30

Acompañemos a María al pie de la cruz. Contemplemos con ella a Jesús muerto, pendiendo de la cruz, y a su Sagrado Corazón, que ha sido abierto por la lanza clavada en su costado.  Escuchemos en nuestro corazón la dulce voz de la Madre del Hijo de Dios que nos dice:

 

Hijitos míos: acompáñenme.

Contemplen conmigo a mi Hijo Jesús pendiendo muerto de la cruz.

Contemplen la llaga de su costado, y entren por esa llaga a su Corazón, que ha sido atravesado por el filo de la lanza y ha quedado abierto para que puedan entrar.

Contemplen ese Corazón desde dentro.

¡Miren cuán lastimado está!

¡Miren cuántas heridas tiene!

Entren en esas heridas, sumérjanse en la profundidad del Corazón de Jesús y contemplen desde ahí su perfecta humanidad y su perfecta divinidad.

Contemplen en cada herida las ofensas que se cometen entre sacerdotes, faltando a la fraternidad sacerdotal, y dense cuenta de cuánto sufre un sacerdote que tiene los mismos sentimientos de Jesús, cuando otro hermano sacerdote lo lastima y lo ofende, porque sabe que lo que hace con él, lo hace con Jesús.

Contemplen en ese Corazón herido a los corazones de los buenos sacerdotes, los que están configurados con Jesús, los que son responsables y comprometidos con su ministerio, con su responsabilidad y su deber ministerial; los que cumplen las promesas que hicieron a Dios el día de su Ordenación sacerdotal; los que se humillan y piden perdón en el confesionario, porque se reconocen pecadores y aman tanto a Dios, que se duelen verdaderamente de ofenderle, y oran y piden la gracia para no volver a pecar, y para perseverar en la lucha diaria para alcanzar la santidad.

Son corazones que aman profundamente a su esposa, la Santa Iglesia, y la sirven. Y luchan por reunir a todos los hijos de Dios en ella, y la defienden, y la cuidan, y la protegen, y la proveen, y dan la vida por ella, extendiendo los brazos en la cruz, muriendo al mundo con Jesús para darle vida a todos sus miembros, que son los hijos de Dios.

Pidan perdón por aquellos miembros de la Iglesia que han sido ordenados sacerdotes y que no viven la caridad ni la fraternidad sacerdotal, que no se preocupan por sus hermanos sacerdotes más necesitados, porque no ven más allá de su propio egoísmo.

Pidan perdón por los sacerdotes que no respetan y no aman a su esposa, la Santa Iglesia, que no la cuidan, que no la proveen, que no la sirven, que no cumplen su Ley ni su Doctrina; y esas faltas son ofensas que hieren los corazones de sus hermanos sacerdotes entregados al servicio de Dios, al servicio de la Iglesia, amando y sirviendo al pueblo de Dios.

Pidan perdón por aquellos sacerdotes que, por sus faltas, por los escándalos que causan, por sus pecados y su mal comportamiento, provocan que a sus hermanos sacerdotes se les juzgue del mismo modo que a ellos, y se les acuse de los pecados de ellos, y por las heridas en el Corazón Sagrado de Jesús, y los sufrimientos causados por ellos y por todos los miembros de la Iglesia, que en esas faltas y ofensas a los sacerdotes son cómplices de ellos.

Permanezcan, hijitos, en el Corazón Sagrado de Jesús, y repárenlo desde dentro, amándolo, adorándolo, pidiendo perdón, aliviando con sus lágrimas de amor las heridas que tanto sufrimiento causan a ese puro, santo, sagrado, bendito y amado Corazón.

 

 

Contemplemos a Jesús en la cruz, que a pesar de los sufrimientos de su cuerpo torturado y de su Sagrado Corazón herido, permanece fiel en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Escuchemos, en nuestro corazón, su voz que nos dice:

 

 

Amados míos: contémplenme elevado en esta cruz, crucificado, y en mi cuerpo contemplen las marcas de los látigos del desprecio de la infidelidad, de la maldad, de la desobediencia y de la incredulidad de los hombres.

Contemplen este cuerpo herido, torturado, sangrante, sufriente, que es la Palabra de Dios que se hizo carne, que ha sido rechazada, que no ha sido aceptada, que no fue reconocida y fue despreciada; que guardó silencio muriendo en la cruz, para dar cumplimiento a sí mismo, y que a los tres días resucita y se da a conocer en todo el mundo para que sea cumplida.

Contemplen la fidelidad y la obediencia del Hijo al Padre, y el amor que el Padre manifiesta al Hijo, perdonando los pecados de toda la humanidad para dar cumplimiento a sus promesas.

Pidan perdón por los sacerdotes infieles, por los que no cumplen mi Palabra, por los que predican una cosa y hacen otra.

Pidan perdón por los que causan que los que son llamados fieles se alejen de mí y se vuelvan infieles, porque no creen en que Yo Soy cuando los que me representan no viven en congruencia con la verdad.

Pidan perdón por los sacerdotes que causan, provocan escándalo, y su ejemplo es de desobediencia y de infidelidad a mi Palabra.

Pidan con insistencia las gracias que necesitan mis sacerdotes para perseverar en la fidelidad a sus compromisos conmigo, para que los fieles crean en que en ellos y en la palabra que predican, Yo Soy.

Demos gracias, y pidamos al Espíritu Santo que, como fruto de esta contemplación, nos conceda abundantes gracias para nuestras almas, y nos fortalezca para perseverar acompañando a María, todos los días, al pie de la cruz de cada uno de nuestros hijos espirituales sacerdotes, reparando con nuestro amor y nuestras obras el Sagrado Corazón de Jesús, suplicando:

 

Señor Jesús:

    Por todos los miembros de tu Iglesia que persiguen a tus sacerdotes.

Por todos los que los injurian.

Los que los lastiman.

Los que se burlan de ellos.

Los que los odian.

Los que los asesinan.

Los que los lastiman solo porque son sacerdotes, solo porque te representan.

¡Perdón, Señor, perdón!

¡Perdona a tu pueblo, Señor!

¡Ten misericordia de nosotros, que hemos pecado!