LUNES V DE CUARESMA
Desde el Corazón de María al pie de la Cruz
Para Madres Espirituales y Custodios de Sacerdotes en Tiempo de Cuaresma
María Beatriz Arce de Blanco
Tiempo de oración, contemplación, perdón, conversión, reparación
CONTEMPLACIÓN DÍA 34
Contemplemos a Jesús en su pasión y en su cruz; y acompañando a María, aprendamos de Él y de ella a vivir todas las virtudes, en la cruz de cada día de nuestra vida ordinaria. Escuchemos en nuestro corazón la dulce voz de la Madre del Crucificado que nos dice:
Hijitos míos: acompáñenme.
Vamos a contemplar, al pie de la cruz, las virtudes heroicas de Jesús.
Contemplen, en medio de la angustia de Getsemaní, su aceptación a la voluntad del Padre, su obediencia, su templanza, su determinación a cumplir su misión, sabiendo el martirio que le esperaba por el cáliz que aceptaba beber.
Contemplen su serenidad al recibir el beso de Judas, con el que lo vendía por treinta monedas, y la valentía con la que se dejaba capturar, sabiendo que había llegado su hora.
Contemplen su paciencia en el calabozo, y su prudencia al ser presentado ante las autoridades para ser juzgado.
Contemplen su confianza en el plan divino, mientras era sometido al injusto castigo de la flagelación.
Contemplen su fortaleza, su entereza, su fidelidad.
Contemplen su sinceridad, su honestidad, su valentía, su humildad y su firmeza al ser burlado, golpeado, escupido, abofeteado, despreciado, maltratado. Su paciencia y su compasión ante la ignorancia y la maldad de sus agresores.
Contemplen su silencio en medio del ruido de la gente que gritaba: «¡crucifícalo!», mientras era condenado a muerte.
Contemplen su fe, su esperanza y su caridad al cargar su cruz, su fortaleza y perseverancia en el camino hacia el suplicio de la crucifixión y la muerte.
Contemplen su humildad, su generosidad y docilidad al extender sus brazos para ser crucificado.
Contemplen su virtud de desprendimiento y su entrega total.
Contemplen su virtud de justicia al darle a su Padre lo que merece, que es la consumación de su misión redentora.
Contemplen su benevolencia, su generosidad, su piedad, su compasión y su amor, al entregarle al discípulo amado a su Madre, y al entregarme como hijos a toda la humanidad.
Contemplen su misericordia derramada a través de su preciosa sangre.
Contemplen su esperanza en la resurrección, entregando su espíritu en las manos de su Padre.
Contemplen todas las virtudes con que fue probado en la cruz, y contemplen en ellas la perfección de Jesús.
Contemplen en esa cruz a los sacerdotes virtuosos, los que luchan por cumplir la voluntad de Dios muriendo al mundo, renunciando a todo, hasta a sí mismos, para entregarse completamente al cumplimiento de su misión, participando en la cruz redentora del Hijo de Dios a través del cumplimiento de sus ministerios con amor.
Pidan perdón, hijitos, por todos aquellos miembros de la Iglesia que desvirtúan la imagen y dignidad de un sacerdote.
Pidan perdón por aquellos que juzgan y condenan a todos los sacerdotes por los males que unos cuantos han hecho.
Pidan perdón por aquellos que envuelven injustamente a un sacerdote en el escándalo.
Pidan perdón por aquellos que no saben apreciar las virtudes de los sacerdotes, que no reconocen sus dones ni su dignidad y carácter sacramental, y no reconocen en ellos al Crucificado, que a través de ellos derrama su misericordia, para que todos sean salvados.
Contemplemos al Rey de reyes humillado, desnudo, despojado de todo, flagelado, golpeado, herido, lastimado, que merece que se le rinda culto y ser coronado de gloria, y sin embargo ha sido despreciado y coronado de burla y espinas. Escuchemos, en nuestro corazón, su voz que nos dice:
Amados míos: contemplen mi cuerpo crucificado, flagelado, torturado, y díganme:
¿Acaso merece ser tratado con el látigo de sus pecados?
¿O merece ser honrado, adorado, venerado, amado, rindiéndole culto con sus buenas obras y sus virtudes?
Contemplen mi cabeza coronada con espinas, y díganme:
¿Acaso no merece, en lugar de una corona de burla y de dolor, una corona de oro y piedras preciosas dignas del Rey del universo?
Contemplen la cruz de clavos y madera, y díganme:
¿Acaso no merece mi cuerpo un trono digno de un Rey en el que sea sentado, aclamado, adorado, alabado, y no como un malhechor condenado a muerte y crucificado?
Contemplen mi cuerpo desnudo, vestido de la sangre derramada para el perdón de los pecados del mundo, y díganme:
¿Acaso no merece mi pobreza ser colmada de los bienes de ustedes?
Pidan perdón por los sacerdotes que escatiman en preservar los templos, en conservar dignamente los vasos sagrados, los ornamentos, las imágenes, los libros, y todos los objetos que tienen como fin dar culto a Dios, y usan las limosnas para gastarlas en fiestas y borracheras.
Pidan perdón por aquellos sacerdotes que juzgan, critican y repudian a ricos y pobres, por despojarse de sus pertenencias e invertir sus bienes materiales para enriquecer los altares y para evangelizar a través de las procesiones, de las peregrinaciones y de las celebraciones con las que rinden culto a Dios, porque, pretendiendo que se considere un derroche, buscan usar esos bienes para su propio beneficio.
Pidan perdón por aquellos sacerdotes que no dedican tiempo a la oración ni a la adoración, poniendo como excusa y justificación su trabajo y tener poco tiempo para llevar a los pobres la caridad, aparentando tener buenas intenciones, pero en realidad sus corazones están lejos de mí.
Hónrenme con el perfume de sus virtudes, pidiendo las gracias que mis sacerdotes necesitan para convertir sus corazones, y unjan no solo mis pies y mi cabeza, sino también mi corazón, con el perfume que es de infinito valor, y que, como fruto de la ofrenda de vida de ustedes les concede Dios, y que es el deseo más ferviente de mi corazón: sacerdotes santos.
Demos gracias, y pidamos al Espíritu Santo que, como fruto de esta contemplación, nos conceda abundantes gracias para nuestras almas, y nos fortalezca para perseverar acompañando a María, todos los días, al pie de la cruz de cada uno de nuestros hijos espirituales sacerdotes, reparando con nuestro amor y nuestras obras el Sagrado Corazón de Jesús, suplicando:
Señor Jesús:
Por todos los miembros de tu Iglesia que persiguen a tus sacerdotes.
Por todos los que los injurian.
Los que los lastiman.
Los que se burlan de ellos.
Los que los odian.
Los que los asesinan.
Los que los lastiman solo porque son sacerdotes, solo porque te representan.
¡Perdón, Señor, perdón!
¡Perdona a tu pueblo, Señor!
¡Ten misericordia de nosotros, que hemos pecado!
