21/05/2026

ERES MIO - Jn 17, 1-11

ERES MÍO

ORACIONES Y REFLEXIONES PARA SACERDOTES

Reflexión desde el Corazón de Jesús

María Beatriz Arce de Blanco

«Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por estos, que tú me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo» (Jn 17, 9-11).

Amigo mío: yo te amo.

Desde siempre te amé, porque desde antes de nacer, yo ya te conocía.

Te consagré para mí y profeta de las naciones te constituí.

Te vi debajo de la higuera y te llamé por tu nombre.

Te ungí y te envié a preparar mi camino, a dar testimonio de la verdad, a clamar con voz fuerte: “rectifiquen los caminos del Señor”; a ser pastor, a ser guía, a ser ejemplo, para que tus hermanos te sigan, y cuando yo vuelva encuentre fe sobre la tierra.

Porque, ¿de qué les sirve salvar el mundo entero si no se salvan ellos mismos?

Yo ruego al Padre por ellos.

No ruego por el mundo, sino por los que Él me ha dado, porque son suyos.

Todo lo mío es suyo, y todo lo suyo es mío, y yo he sido glorificado en ellos.

 

Tú, amigo mío, eres mío.

Yo ruego al Padre para que cuide en su nombre a los que me ha dado, porque yo les he dado su Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo.

Yo no pido que los retire del mundo, sino que los guarde del Maligno, que los santifique en la verdad y su Palabra es la verdad.

Así como mi Padre me ha enviado al mundo, yo los envío al mundo, para que tú y ellos también sean santificados en la verdad.

Yo no ruego solo por ellos, sino también por aquellos que por medio de su Palabra creerán en mí, para que todos sean uno, como el Padre y yo somos uno. Que sean perfectamente uno en nosotros, para que el mundo crea que el Padre me ha enviado, y que los ha amado como me ha amado a mí.

Amigo mío, el mundo no lo ha conocido, pero tú me has conocido y has conocido que Él me ha enviado.

Yo en ti y tú en mí.

He dado a conocer su nombre y lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que Él me ha amado esté en ti y en ellos, y yo en ti y en ellos.

Abandónate en mí, confía en mí y obedece.

No trunques los planes que Dios tiene para ti. Antes bien, obedéceme y ve a dar testimonio de la verdad. Así demostrarás tu amor y tu humildad.

Yo te amo, en ti confío, y sé que cuento contigo, porque tú eres mi discípulo fiel, el que nunca me abandona porque me ama, el que quiere servir bien a la Iglesia, mi siervo, mi amigo.

(Abluciones, n. 8)