30/03/2026

BESAR LOS PIES DE JESUS

ORACIONES Y REFLEXIONES

Desde el Corazón de María

Para una Madre Espiritual

María Beatriz Arce de Blanco

«María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume» (Jn 12, 3).

Hija mía: el sufrimiento es necesario.

Cuando se sufre mucho, porque se ama mucho, el sufrimiento purifica, lava, sana, limpia, santifica, repara, redime.

Compadece el sufrimiento de mi Hijo Jesús, y repara las heridas de su doloroso y Sagrado Corazón.

Mira sus pies sangrantes y perforados.

Pies que yo enseñé a dar sus primeros pasos.

Pies que tanto caminaron, y encontraron descanso en los brazos de su Madre.

Pies con los que Dios pisó la tierra, para hacer de ella un lugar sagrado; en donde Él vivió, por donde Él pasó, en donde Él caminó y dejó huella.

Pies que llevaron a Dios hasta el más necesitado; a llevarles perdón, paz, consuelo, esperanza, amor, palabra, salud, alimento.

Pies que caminaron sobre la arena, buscando pescadores de hombres.

Pies a los que se postraron pecadores, pidiendo perdón.

Pies a los que se postraron los demonios, reconociéndolo como el Hijo de Dios.

Pies que fueron lavados con lágrimas y ungidos con perfume.

Pies que caminaron sobre montañas y sobre mares.

Pies que llegaron hasta lugares lejanos, llevando la Palabra de Dios, anunciando la Buena Nueva del Reino de los Cielos.

Pies que siguieron muchos que buscaban la verdad.

Pies en los que encontraron al Dios de la verdad.

Pies que lo condujeron con paso firme, como cordero al matadero.

Pies que no titubearon cuando fueron conducidos al lugar del suplicio.

Pies que fueron flagelados.

Pies que fueron desnudados y maltratados.

Pies que cargaron el peso de una cruz, en la que pesaban todos los pecados del mundo.

Pies que caminaron sin detenerse, sin cambiar el rumbo, sin dar marcha atrás, permaneciendo firmes en el camino hacia el Calvario, para subir a la cruz.

Pies que nunca pisaron pecado, pero que fueron perforados para el perdón de los pecados de los hombres.

Pies a los cuales me he postrado yo, para acompañarlo en su redención.

Pies que han descansado en el sepulcro oscuro y frío.

Pies con los que ha caminado el Cristo resucitado.

Pies a los que se postraron las mujeres santas.

Pies que fueron testimonio de la cruz, ante la incredulidad de sus amigos.

Pies que tocaron la tierra y subieron al cielo, para tocar el trono de Dios Padre.

Pies que habrán de venir de nuevo a traer la justicia y la paz.

Hijita: contempla los pies de Dios, los que dejaron el camino marcado para la salvación de todas las almas.

Quédate conmigo a sus pies, y lávalos con tus lágrimas, sécalos con tus cabellos, úngelos con el perfume de tu virtud y bésalos con tu amor.

(Anhelos, n. 49)